lunes, 11 de noviembre de 2019

Educar para la buena convivencia social es promover salud mental


Hoy más que nunca tenemos que tener presente la formación ciudadana para una mejor convivencia social. Hemos visto como nuestro país se ha unido mayoritariamente para respaldar los cambios necesarios que cumplan con un mejor desarrollo social y justo a la vez, protegiendo el derecho de expresión sin mediación de violencia.

Y es que cuando se desequilibra la justicia, entonces también la paz. Por lo tanto, surge para quienes educamos (profesores/as, madres, padres, profesionales en general en el ámbito escolar) el complejo desafío de no relativizar la paz sólo como un tema de no ejercer violencia física o verbal. La violencia puede ser simbólica cuando se instala el clasismo, racismo o cualquier forma que discrimine a las personas por alguna condición social, de género, creencia religiosa (o no), etaria o de participación política.

El desafío es comprender que los derechos de las personas, los derechos humanos, deben ser educados desde siempre y ser parte fundamental dentro de las políticas educacionales de un Estado y de la crianza en el hogar; esto, porque es la única forma de garantizar el ejercicio del respeto y cuidado interpersonal como forma de hacer prevalecer nuestra especie en un clima de salud mental que permita un desarrollo social y personal en armonía. Porque sí, hablar de formación ciudadana es hablar de salud mental; hablar de convivencia escolar es promover salud mental; formar en resguardo de derechos es hablar de salud mental.

Una cultura de buenos tratos que se forma desde una base democrática, excluye la validación de cualquier forma o expresión de violencia como manifestación válida (material o simbólica, ninguna es admisible). Por el contrario, una cultura democrática aplica y gestiona buenos tratos e incluye desde el ejercicio de la tolerancia en los diálogos, en el afrontamiento pacífico de ideas hasta el ejercicio de un trato justo para todas las personas sin distinción de clase o condición.

Hoy es requerimiento de salud mental, que podamos hablar lo que pasa en nuestro país con nuestros hijos e hijas, desde un enfoque receptivo, que los y las escuche en cuanto a lo que piensan y sienten, sin invalidar lo diferente sino guiar su proceso reflexivo desde la empatía hacia ellos/ellas y hacia quienes nos rodean en la sociedad de la que somos parte, porque es la empatía una de las habilidades que más nos ha faltado. Países como Dinamarca, educan la empatía como variable de promoción para una cultura sana en salud mental y de buenos  tratos (si desea saber más puede ingresar al link https://culturainquieta.com/es/inspiring/item/16000-en-dinamarca-los-ninos-reciben-clases-de-empatia-en-la-escuela.html)

Mayor empatía, mejor consideración de las necesidades de las demás personas, eso también es salud mental, porque  la salud mental tiene que ver con la vida diaria de todos, se refiere a la manera como cada uno se relaciona con las actividades en general en la comunidad; comprende la manera en que cada uno armoniza sus deseos, anhelos, habilidades, ideales, sentimientos y valores morales con los requerimientos para hacer frente a las demandas de la vida. La salud mental depende de: cómo uno se siente frente a sí mismo, cómo uno se siente frente a otras personas, y en qué forma uno responde a las demandas de la vida.” (Carrazana, 2003).

Finalmente, recordar que la OMS (Organización Mundial de la Salud) define salud mental como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” (Extraído de Salud Mental: un estado de bienestar, http://origin.who.int/features/factfiles/mental_health/es/ ), entonces, cuidemos nuestra salud  mental construyendo un país que eduque y forme personas que les importe el sufrimiento del otro.